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Una historia de sostenibilidad, sabor y conexión desde las faldas del Cerro Verde.
A solo dos kilómetros de Hotel Equinoccio, sobre las fértiles tierras del Cerro Verde, florece un proyecto que representa nuestra esencia: una granja orgánica trabajada con amor por nuestro equipo. Este espacio no solo abastece a nuestro hotel con ingredientes frescos, sino que también fortalece nuestra visión de un turismo más consciente, conectado con la tierra y con nuestra comunidad.
Desde el inicio, entendimos que ofrecer una experiencia auténtica no era solo cuestión de paisaje o diseño. También debía nacer de lo que ponemos en el plato. Por eso, cada limón, cada grano de café, cada ayote o mazorca que llega a tu mesa proviene de una tierra viva, cuidada con esmero, y cultivada sin agroquímicos.
Gracias al clima templado y al suelo volcánico, cultivamos una variedad de frutas, vegetales y legumbres que transformamos en platos frescos y nutritivos. Entre ellos, limones, aguacates, ayotes, frijoles, maíz y un café de altura que secamos y molemos artesanalmente para el consumo en el hotel y también para quienes deseen llevarse un pedazo de Equinoccio a casa.
Todo el proceso, desde la siembra hasta la cosecha, lo realiza nuestro propio equipo. Personas locales que, más que producir alimentos, cuidan un ecosistema con técnicas tradicionales y un compromiso genuino con la sostenibilidad.
Nuestra granja no solo abastece nuestra cocina. También genera empleo digno, fortalece la economía local y reduce nuestra huella ambiental. Pero, sobre todo, nos permite ofrecerte una experiencia con sentido: cada platillo que disfrutas en Equinoccio está lleno de historia, cuidado y conexión.
Cuando visitas el hotel, no solo contemplas la belleza del lago. También formas parte de un ciclo de vida que comienza en la tierra, pasa por nuestras manos, y llega a tu mesa como una invitación a reconectar con lo esencial.